19ago14. Vuelta a Furnazinhas

posado grupo

Esperamos 10 minutos hasta que apareció en Jenaro que no podía faltar a esta cita.
Esperamos 10 minutos hasta que apareció en Jenaro que no podía faltar a esta cita.

Los encuentros plomilleros son así. La única persona que a las 6 de la tarde estaba en el bar Hnos. Carrasco era la novata Antonia Marcelo, extremeña que estos días pasa sus vacaciones en Islantilla, estaba un poco perdida sin saber dónde ni con quiénes se había metido. Al rato apareció el jefe, un poco más tarde Manolo Morgado, Antonio Biedma, Pedro Garcés y Paco Botello. Nos presentamos y esperamos que apareciera alguien más, sólo éramos 6. Tras tomar el café y pasando ya casi media hora nos decidimos a montar en los coches y cuando ya estábamos saliendo por el puente se nos cruzó la furgoneta de Javi Hiniesta que venía con dos novatos más; su hermano Jesús y cuñada Raquel. ¡¡Seguidnos!!, le gritamos desde el coche y así marchamos juntos dirección a la frontera portuguesa. Ya éramos 9, no era mala cifra, pero cuando cruzábamos el puente internacional recibimos la llamada de Carrasco diciéndonos que Jenaro iba detrás nuestra uniéndose también a la ruta. Total, que al final nos plantamos en Furnazinhas 10 plomilleros para afrontar la caminata de la semana.

Y siendo las 19:20 de la tarde comenzamos a andar no sin antes avisar a la dueña del bar del pueblo que estaríamos de vuelta sobre las 11 de la noche y aguardara abierta para nuestras cervezas.

Es novata y fotografió una señal cuyas indicaciones pronto ignoramos.
Es novata y fotografió una señal cuyas indicaciones pronto ignoramos.

Salimos de Furnazinhas por un camino de cabras con un piso totalmente irregular a base de lajas de pizarra y en continuo ascenso, no estaba mal para arrancar a sudar precisamente en los momentos de mayor calor.

Nos reagrupamos en un merendero y continuamos por un carril ancho perfectamente afirmado aunque no asfaltado por el que avanzamos poco más de un kilómetro hasta que torcimos a la izquierda para coger un sendero que en un continuo descenso de dos kilómetros nos llevó hasta el cauce del río odeleite.

El cauce del Odeleite. Esperábamos que hubiera un poco de agua, pero no.
El cauce del Odeleite. Esperábamos que hubiera un poco de agua, pero no.

Estábamos en la orilla norte y debíamos vadear el río para seguir por su orilla sur, esperábamos que hubiera algo de agua en esa zona, pero no. Estaba todo seco, solo algunas charcas aguantaban algo de agua a esas alturas de Agosto.

Podíamos haber pasado de un lado a otro por un paso que se abría unos doscientos metros a la izquierda pero optamos por ponerle algo de emoción al tema y optamos por trazar el camino más corto que implicaba saltar por una rocas atravesadas por un hilo de agua de no más de un metro de anchura.

El momento de la jornada.
El momento de la jornada.

Uno a uno fuimos cruzando teniendo cuidado de no resbalar por el traicionero verdín que tenía las rocas, Paco Botello hizo un reportaje especial del momento.

Avanzamos por un desfiladero hasta encontrar el siguiente carril.
Avanzamos por un desfiladero hasta encontrar el siguiente carril.

A partir de ahí seguimos rectos en busca del carril transitable que nos debía llevar hasta la aldea de Fortes (punto intermedio de la ruta) y para ello atravesamos unas grandes losas de pizarras y nos adentramos en un pequeño desfiladero formado por este tipo de rocas que nos hizo sentir estar en el lejano oeste. Tras superar con mucho cuidado ese tramo dimos con el sendero buscado. Nos reagrupamos, bebimos y reanudamos el camino con una continua subida hasta que volvimos a parar para tomar resuello.

Los caminos que llevan a Fortes están todos cambiados.
Los caminos que llevan a Fortes están todos cambiados.

En ese punto los mapas del jefe ya servían de poco pues todos los caminos del año pasado habían cambiado radicalmente por unas obras que se están realizando en la zona y que tienen como misión enlazar por carretera la localidad de Furnazinhas con Alta Mora y para ello han removido cielo y montaña con unas actuaciones sobre el terreno absurdas para tal empresa, en fin, el objetivo era llegar a Fortes por su cara sur y a ello nos aplicamos.

Llegando a Fortes
Llegando a Fortes

Jenaro se puso al frente y en un momento de dudas sobre qué dirección tomar se lanzó por un cortafuegos empezó a escalarlo y todos nos fuimos detrás de él. Fue la rampa más dura de la jornada pero una vez arriba ya podíamos divisar dónde nos encontrábamos. Seguimos un difuso camino hasta que enlazamos con otro más transitado que nos llevó hasta una zona de scalextrixs sin asfaltar cuyas salidas tomábamos haciendo uso de nuestro sentido de la orientación pues no nos sonaba de nada ese paisaje tan desolador. Así, saltando de un camino a otro, entre grandes camiones y retroexcavadoras dimos con un sendero desde el cual ya  se divisaba Fortes a lo lejos y hacía allí nos dirigimos en un precioso camino descendente junto a pequeños huertos.

Tras un descansito en Fortes el grupo reinicia la marcha.
Tras un descansito en Fortes el grupo reinicia la marcha.

En la carretera de entrada a Fortes nos volvimos a concentrar y mientras los primeros esperaban a los más rezagados nos entretuvimos probando los higos chumbos de las impresionantes chumberas que a modo de empalizada amurallan la aldea. Los higos estaban de dulces, es la mejor época para degustarlos, Julio y Agosto. Ya lo sabemos para la próxima vez.

Entramos en Fortes y nos sentamos en una de los porches de sus tantas casas abandonadas. Tres vecinos estaban en la casa colindante y nos dieron la bienvenida. Mientras bebíamos y tomábamos nuestros bocatas mantuvimos distintas conversaciones con ellos, los tres tenían 80 años cada uno y, la verdad, tenían una pinta envidiable para esa edad. Probablemente la fuente de agua “no controlada analíticamente” sea su particular secreto.

Tras descansar y echar un vistazo por las calles ocultas de la aldea, nos pusimos en marcha de nuevo abandonando Fortes por su lago, un sitio muy bonito que aun conserva bastante agua aunque las obras de carretera también les ha afectado y algunos de sus márgenes están removidos con grava.

Raquel y Antonio, las dos novatas del Plomillazo, que demostraron ser unas "máquinas en movimiento"
Raquel y Antonio, las dos novatas del Plomillazo, que demostraron ser unas “máquinas en movimiento”

Seguimos el camino y vimos aparecer frente a nosotros una larguísima y tendida cuesta arriba. Gracias a Dios ya era prácticamente de noche y el calor había desaparecido porque la subida se las traía. Agachamos la cabeza y tiramos palante sin mirar lo que teníamos delante. No fue tanto como parecía tras 2 kilómetros de tendido ascenso, al llegar a una especie de cruce, el jefe mandó parar.

Momento deliberación, ¿es por ahí o no?
Momento deliberación, ¿es por ahí o no?

En el itinerario programado debíamos abandonar ese carril para tomar un desvío hacia la aldea de Monte Novo, era la primera vez que la visitaríamos y también la primera vez que llegaríamos allí por un camino jamas transitado. Además era de noche y el cruce de caminos no estaba muy bien señalizado, el camino que el jefe decía ser el correcto tenía a su comienzo una señal de prohibido el paso por lo que nos hizo dudar bastante sobre si avanzar por él o seguir el camino recto.

Al cabo de un buen rato, cuando más indecisos nos encontrábamos vimos como una señal indicaba la dirección de Monte Novo, así que ya sin dudas, nos lanzamos a seguir ese camino. A muy buen ritmo avanzamos por esa pista en bastante buen estado y a lso dos kilómetros logramos contactar con la carretera a la entrada de Monte Novo. No había mucho tiempo que perder, a partir de ahí fueron dos kilómetros y medio de pura carretera con un fuerte sube y baja inicial pero que hicimos de forma festiva disfrutando de las estrellas, alegrándonos (sobre todo los novatos) de haber superado la prueba y deseando llegar al bar de Furnazinhas donde nos esperaban las Sagres de rigor.

Jenaro retoma la conversación que dejó a medias en Agosto del año pasado.
Jenaro retoma la conversación que dejó a medias en Agosto del año pasado.

No eran ni las 11 de la noche cuando terminábamos nuestra ruta. Casi 14 kilómetros en poco más de tres horas, descansos incluidos. Sacamos las sillas a la calle y nos pedimos las bebidas mientras conversábamos entre nosotros y con los lugareños. No solemos ir mucho por Furnazinhas pero tras tres años de caminatas nuestro grupo ya es parte del paisaje en un territorio tan vasto como despoblado.

Volveremos.

 

Más fotos:
https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.846452652039236&type=1
https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.846241942060307&type=1
Y aquí el track en wikiloc:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7586729
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