14ago14. Exploración barranquista.

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Ahora es el momento de hacer locuras ya que Agosto es el mes donde sólo los locos se apuntan a un bombardeo. Ese jueves 14 de agosto nos dimos cita 6 plomilleros para acometer una caminata de exploración que sirviera para abrir una vía alternativa entre Cortelha y Alta Mora.

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Tras la primera bajada vino la gran subida de la jornada.

Tras un buen trecho de sinuosas carreteras aterrizamos en Cortelha sobre las 8 de la tarde, pegaba el sol de lo lindo aunque a esa hora ya iba de pasada. El primer tramo consistía en alcanzar la aldeita de Fontainhas do Pego dos Negros y lo empezamos descendiendo un valle para continuar con una larga y dura subida que nos llevó a los 300 metros de altura que no es mucho pero es de las cotas más altas de esta zona de Castro Marim. Desde allí podíamos divisar todo el litoral atlántico desde Isla Cristina a Tavira mientras nuestros teléfonos recibían wasaps al pillar cobertura española.

Tras la dura subida fuimos buscando la aldeita anteriormente dicha cuidando no equivocarnos de camino pues la presencia de otra aldea cercana y muy parecida llamada Vale do Linho nos invitaba a la confusión. Tuvimos que mirar muchas veces los mapas para atinar con el camino correcto. De esta forma sobre las 9 menos cuarto de la tarde entrábamos en Fontainhas y nos saludábamos con sus escasos habitantes.

Coqueta aldea de Fontainhas incrustada entre los montes.
Coqueta aldea de Fontainhas incrustada entre los montes.

Uno de ellos se nos acercó y buscó agradarnos con su pasable castellano ofreciéndose a hacernos fotos y darnos agua. Muy simpático el chaval.

Tras una parada de no más de 10 minutos reemprendimos la marcha en busca del tramo que el jefe decía querer explorar. Avanzamos por un carril y al cabo de no más de 500 metros el sendero desapareció quedándonos enmedio de un valle a los pies del cauce intransitable de un arroyo infestado de cañas.

Antonio Biedma sirve de bastón a una valiente Tere.
Antonio Biedma sirve de bastón a una valiente Tere.

El jefe ordenó seguir a través de un campo sembrados de pinchos y jaras hasta que nos dimos de bruces por la ladera de una montaña que no había más remedio que sortear. Las dificultades eran la gravilla suelta del terreno seco y las continuas zarzas y pinchos que nos asaltaban al paso. Un resbalón era garantía de arañazos o terminar en el fondo del barranco.

¡¡Dios mio!!
¡¡Dios mio!!

Tras subir la ladera tocó avanzar por ella en paralelo al cauce del río. La inclinación era total y el uso de los bastones fue imprescindible para no resbalar. De una forma natural nos repartimos los papeles; Jose Manuel fue en cabeza abriendo camino y marcando con sus pisadas los puntos de apoyo, en otra dirección Manuel buscaba caminos alternativos para salir de aquel atolladero, por su parte el jefe se situaba equidistante viendo como Tere avanzaba ayudada por un heroico Antonio Biedma que supo llevarla a buen puerto arriesgando su pellejo. Pedro Garcés cerrraba el grupo asumiendo la tarea de reportero pues grabó todo el avance con su cámara.

El siguiente tramo era por el cauce del río sorteando cañas y zarzas.
El siguiente tramo era por el cauce del río sorteando cañas y zarzas.

Poco a poco logramos descender hasta el cauce del río en un punto donde se abría un claro entre tantas cañas. Aprovechamos para beber algo de agua y quitarnos las innumerables semillas que nos habían pegado en nuestras ropas además de hacer un recuento de los arañazos recibidos.

Tras recuperar el aliento tocaba avanzar por el cauce sorteando cañas y zarzas buscando una encrucijada de arroyos a la que el jefe decía que había que llegar. Este tramo no era nuevo para él pues hace dos años ya lo había explorado con Antonio “el trainer” y Alfonsito “el xulito”, pero en aquella ocasión era invierno y el agua estaba más presente.

Última bajada hasta encontrar la vereda correcta.
Última bajada hasta encontrar la vereda correcta.

Se llegó al punto esperado y una vez allí, el jefe reconoció encontrarse desorientado con respecto al sendero que buscábamos y que nos tenía que llevar hasta la aldea de Pego dos Negros. No obstante se guió por su instinto y ordenó subir una ladera por una senda bastante difuminada marcada por el arado de un tractor y al llegar a lo más alto vimos como enfrente nuestra aparecía un camino perfectamente definido y reconocido de la otra ocasión. Bajamos la ladera y con la noche prácticamente encima avanzamos por él hasta dar con una carretera donde 200 metros a la izquierda estaba la aldea de Pego.

Todo Negro.
Todo Negro.

La idea inicial era seguir hasta Pego dos Negros y desde ahí avanzar hasta Alta Mora para luego regresar con 7 kilómetros de carretera, pero ya era de noche, habíamos invertido mucho tiempo en superar la zona de los barrancos y teníamos la sensación de que lo mejor ya lo habíamos vivido, así que optamos por regresar a Cortelha siguiendo la carretera.

El regreso fue muy bonito, la ausencia de luna hizo que las estrellas resplandecieran como nunca salpimentadas por los intermitentes de las luces de tantos aviones que en esas fechas despegan y aterrizan en el aeropuerto de Faro. Tere hasta creyó ver un OVNI, en fin… la noche que nos confunde.

La carretera no era moco de pavo pues era una continua subida hasta que alcanzamos el cruce de Cortelha, se hizo largo ese camino de más de 3 kilómetros.

La marquesina de autobuses de Cortelha fue el garito donde montamos nuestro botellón final.
La marquesina de autobuses de Cortelha fue el garito donde montamos nuestro botellón final.

No eran ni las 11 de la noche cuando ya llegamos al punto de inicio, tras 9 kilómetros de intensa caminata nos fuimos a los coches, sacamos la cuba con bebidas en hielo, una sillita de playa y en la misma marquesina de autobuses de Cortelha montamos nuestro propio garito.

La noche estaba preciosa, una temperatura envidiable, allí cayeron los bocadillos, los refrescos, los tintos de verano y las cervezas que fresquitas nos esperaban. Tras media hora de relax montamos en los coches y regresamos a Isla Cristina cogiendo por muchas carreteras por las que pasamos cuando hacemos nuestras Vueltas al Beliche.

Antes de medianoche ya estábamos en casita, sanos y salvos, que ese día ya era mucho.

Fotos:

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