42 kilómetros de viaje submarino

IMG-20131022-WA0028 Os pongo en antecedentes de a qué viene todo esto. El gran reto de este año para “los del plomillazo” es realizar dentro del mismo día la ruta que va desde el Pomarao (junto a la presa del Chanza) hasta Isla Cristina, un total de 85 kilómetros que transcurren el 85% de ellos por el Camino Natural del Guadiana. SAMSUNG

Este gran recorrido se puede dividir en varias etapas, a saber;

  • Pomarao-Puerto La Laja (7 kms),
  • Puerto La Laja-Sanlucar de Guadiana (13 kms),
  • Sanlucar-El Romerano (12 kms),
  • El Romerano- San Silvestre de Guzmán (13 kms),
  • San Silvestre de Guzman-Costa Esuri (19 kms)
  • Costa Esuri-Ayamonte (10 kms)
  • Ayamonte-Isla Cristina (11 kms).

Todos estos caminos ya habían sido pateados en distintas ocasiones por “los del plomillazo” pero aun quedaba un tramo por descubrir,  que es el que hemos resaltado en negrita. Así que el jefe se propuso descubrirlo y para ello convocó a los plomilleros más extremos a una caminata de 43 kms. con  inicio y final en San Silvestre de Guzmán. El camino de ida hasta Sanlucar se haría por el Camino Natural del Guadiana (25 kms) y la vuelta se haría íntegramente por carretera (17 kms.). Pero no era la distancia lo que preocupaba sino la previsión meteorológica para ese día, por Portugal entraba una borrasca con fuertes precipitaciones.

Previsión del tiempo para la caminata que se cumplió con dos horas de adelanto.
Previsión del tiempo para la caminata que se cumplió con dos horas de adelanto.

Jenaro decía “tener mono” tras perderse las últimas caminatas por distintos motivos, Juanito “el pirata” llevaba insistiendo en que contáramos con él ahora que disfrutaba de unos días de vacaciones y el jefe puso fecha y hora; el martes 22 de octubre a las 8 de la mañana en la cafetería de la estación de DAMAS. Y allí nos encontramos los tres.

Llegada a San Silvestre de Guzmán

Foto en la señal de salida a las 9 de la mañana.
Foto en la señal de salida a las 9 de la mañana.

Siendo las 9 menos cuarto llegamos a San Silvestre montados en el coche de Jenaro, descargamos nuestras mochilas y entramos en el bar donde aquel caluroso 4 de Julio concluimos nuestra caminata de 42 kilómetros saliendo desde Isla Cristina. La camarera nos reconoció inmediatamente y nos preguntó qué tipo de locura íbamos a hacer esta vez. “Parece que cogéis los peores días a conciencia. La otra vez 42 kilómetros con alerta naranja por calor y ahora otros tantos con alerta por lluvia”, nos insinuó. Tomamos un café, bebimos agua y salimos del bar en cuya terraza había unos cuantos parroquianos que nos desearon suerte. Sin lluvia todavía, salimos del pueblo en busca de la señal que indica la dirección a seguir y a eso de las 9 de la mañana ya nos estábamos fotografiando en ella, siendo este el comienzo oficial de la ruta. Retrocedimos otra vez hacia San Silvestre buscando las señales que nos indican el camino equivocándonos al callejear por el pueblo Jenaro sacó su GPS y vimos que íbamos por mal camino, miramos alrededor e intuimos que bueno avanzaba por un montículo paralelo, lo subimos y listo, ya estábamos en la línea correcta. Comenzó a caer una lluvia tan fina que nos hacía dudar si ponernos las capuchas del impermeable o no, esa duda no iba con Juanito que desde el principio decidió ir “descapotado”. Nos hicimos unos 3 kilómetros avanzando por una pista alquitranada flanqueada por las lindes alambradas de los cotos privados de caza. Concluido el asfalto comenzó un camino de tierra y entonces la lluvia apretó, era el primer aviso. Intentamos proteger nuestras mochilas con alguna bolsa de plástico para que no penetrase el agua pero las ráfagas de viento se la llevaban, seguimos entre lindes unos 4 kilómetros más hasta que estas desaparecieron dando la bienvenida al campo abierto. Juan divisó a un ciervo con su gran cornamenta entre la maleza, ya sabéis que es zona de caza mayor. Pero no teníamos tiempo para pararnos, el agua nos hacía apretar el paso. A mitad de camino hasta El Romerano comenzamos una subida que nos llevó a lo más alto de una colina pelada de árboles donde nos golpearon fuertes rachas de viento que nos empujaban fuera del camino, no es exageración. A medida que descendíamos las faldas de las montañas hacían de parapeto contra el viento. No llevábamos ni 10 kilómetros y ya teníamos encharcadas por dentro nuestras botas, y eso que las del jefe son impermeables.

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Area de descanso de El Romerano, totalmente encharcada.

LLegada a El Romerano y avance hasta Sanlúcar de Guadiana.

Llevábamos 12 kilómetros sin parar, la lluvia nos empujaba a seguir, teníamos puesto nuestro objetivo en el área de descanso de El Romerano donde había una casilleta cubierta donde al resguardo de la lluvia podríamos abrir nuestras mochilas y sacar algo de comida y bebida. La llegada a El Romerano es muy bonita, en primer lugar aparece al fondo, entre montes, el Guadiana y después se inicia un descenso entre eucaliptos y jaras. Todo precioso si no fuera porque nuestros pies y estómagos iban pidiendo un poquito de atención. Pero la casilleta de El Romerano estaba inundada, su techo era de brezo y toda la lluvia se filtraba por lo que poco pudimos parar en ella. No obstante sacamos alguna fruta, barritas energéticas, bebimos agua y con la misma seguimos andando porque era absurdo permanecer un minuto más en aquella casilleta que no protegía ni de la lluvia ni del viento. Ni 12 minutos paramos, seguimos en dirección a Sanlucar. Se trataba ahora de un camino amplio que acompaña al Guadiana y por el que se accede a innumerables fincas y chalets que disfrutan de una ubicación idílica, de repenteen un gradual giro hacia la derecha  empezamos a alejarnos del río en una continua subida hasta el Puerto Carbón, punto más alto de la ruta, y desde donde se desciende a la Ribera de Sanlucar antes de llegar a la ciudad fronteriza.

Foto en Puerto Carbón, ya llevamos 18 kilómetro en remojo.
Foto en Puerto Carbón, ya llevamos 18 kilómetro en remojo.

Jenaro había ido haciendo fotos durante el recorrido y frecuentemente las iba enviando por wasap al grupo del plomillazo para información de nuestros amigos y familiares, no obstante cada vez era más difícil escribir en el móvil porque la pantalla no detectaba los dedos arrugados por el agua. A todo esto, nuestras botas seguían inundándose y ahora tocaba descender.

Tras bajar del Puerto Carbón empiezan los 6 kilómetros más bonitos de todo el camino del Guadiana.
Tras bajar del Puerto Carbón empiezan los 6 kilómetros más bonitos de todo el camino del Guadiana.

Por un camino con un firme bastante irregular, lleno de lajas sueltas y barros empezamos a bajar una dura pendiente que nos llevaba hasta la ribera grande del Guadiana. Se trataba ahora de afrontar los últimos 6 kilómetros hasta Sanlúcar con nuestros estómagos vacíos, tras 4 horas de camino y con nuestras botas totalmente inundadas al igual que por dentro nuestras ropas también estaban mojadas. La lluvia no quiso dar descanso alguno y apretó aun más. A cada tramo que avanzábamos el agua caía más fuerte, eso sí, no había viento.

Llegamos a la Ribera Grande por donde hay que vadear el cauce del río caminando sobre unos pilones (que el jefe evitó por vértigo) y proseguimos a todo trapo.  A pesar de la tromba que nos caía, los últimos kilómetros fueron de una belleza total. Caminábamos por senderos estrechos rodeados de árboles y atravesando túneles de cañas, de vez en cuando un mata de arbustos invadían los estrechos carriles de tal forma que el rozarnos con ellos recibíamos un “lavado a presión” como los rodillos de un lavadero de coches.

Además, se trataba de un verdadero rompepiernas, con duras rampas arriba y abajo que habían acondicionado con escalones para poderlas acometer. Aparecieron pasarelas, puentes y bancos de madera  en este último tramo que siempre se hace pegado al rio aunque los verdaderos ríos eran los que corrían entre nuestras piernas ya que los carriles estaban inundándose y el agua corría por ellos a la par que nosotros.

Se vislumbra Alcoutim, enfrente está Sanlucar.
Se vislumbra Alcoutim, enfrente está Sanlucar.

La aparición al fondo de Alcoutim presagió la cercanía de Sanlucar y la posibilidad de parar, resguardarnos de la lluvia, secar nuestras ropas y comer algo tras 25 kilómetros sin descanso apenas.

Siendo casi las 2 de la tarde llegamos al pueblo, nos dirigimos directamente al bar que se encuentra en la entrada del mismo, no sin antes hacernos la última foto en la señal que atestiguaba nuestra caminata.

Tras cinco horas bajo la lluvia pisamos el primer sitio techado. Fue poner el pie en el umbral del bar y dejar de llover. ¡¡Ya es casualidad!!

En el bar de Sanlucar antes de iniciar el camino de vuelta.
En el bar de Sanlucar antes de iniciar el camino de vuelta.

En fin, dejamos un reguero de agua en el bar donde nos quitamos las botas, escurrimos los calcetines, sacamos la muda seca y nos sentamos a comer nuestros bocatas. Necesitábamos descansar y comer. Refrescos, cervezas, café, magdalenas… todo era poco.

Jenaro consultó una vez más los wasaps en el grupo del plomillazo y le comunicó al jefe que iba a tener una hija, Natalia. El jefe lo celebró con una magdalena y un cafelito. Siendo casi las tres de la tarde el grupo se preparó para hacer el camino de vuelta. En toda esa hora de descanso no había llovido nada no obstante salimos a andar con los chubasqueros puestos por si acaso.

No volvería a llover.

El camino de vuelta.

Subiendo la carretera desde la ribera al Puerto carbon.
Subiendo la carretera desde la ribera al Puerto carbon.

El camino de vuelta consistía en un recorrido de 17 kilómetros integramente por la carretera provincial HU-4401. La temperatura era agradable y no había casi nada de viento así que aunque nuestras botas estaban mojadas por dentro en breve se secaron lo suficiente para no molestar al andar.

Solo había una dificultad resaltable y era la subida desde la Ribera Grande hasta Puerto Carbón, 2 kilómetros de rampas que hicimos buen ritmo. Al llegar a la cima y tras comprobar que la lluvia no iba a hacer acto de presencia nos quitamos los impermeables para andar más frescos. Una vez superado dicho tramo todo fue muy rápido. Nos íbamos bebiendo los mojones kilométricos.

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Avanzábamos a razón de 6 km/hora, parando solo dos veces para beber un poco pues hacía hasta calor. Siendo casi las 6 de la tarde divisamos San Silvestre.

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Foto en el punto kilométrico 0 y corriendo al pueblo para buscar el bar donde dejamos aparcado el coche.

Entramos en el bar siendo las 18:15 de la tarde entre las miradas de los mismos vecinos que nos despidieron por la mañana y la cara de preocupación de la camarera, “no he parado en todo el día de pensar en vosotros…¡¡hay que tener valor con la que ha caido!!”

Pues sí, hay que tener valor pero estas locuras son las que al final se recuerdan.

Más fotos pinchando en este enlace:

https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.678047685546401&type=1

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